La riqueza de unos pocos a costa de la salud de muchos

La Junta de Andalucía aprobó tiempo atrás dos proyectos que tienen como objetivo la reactivación de la mina de Aznalcóllar (Sevilla) y el mantenimiento de Cobre Las Cruces (ubicada en los términos municipales de Gerena, Salteras y Guillena, en la provincia de Sevilla); unas propuestas que, pese a la aclaración de la Consejería de Industria, Energía y Minas de contar con altos niveles de eficiencia hídrica, se prevé que provoquen el vertido de más de 100 mil millones de litros de agua con metales pesados en el río Guadalquivir en los próximos años.

Entre las causas que motivan estos planes, podemos citar la producción de minerales demandados en determinados sectores industriales o la creación de miles de puestos de trabajo en las correspondientes comarcas, sobre todo en Aznalcóllar, municipio que sufrió drásticamente el cierre de su mina —la principal fuente de empleo en la localidad— en 1998, tras la ruptura de una balsa de residuos. Se trató de una de las catástrofes ambientales más importantes de nuestro país, ya que se contaminaron más de cuatro mil hectáreas de terrenos, murieron muchísimas especies y la contaminación llegó a las cercanías del parque de Doñana.

Científicos andaluces ya han advertido, en un artículo en la revista Integrated Environmental Assessment and Management, de las terribles consecuencias que pueden derivarse del vertido de mineros en el río, puesto que afirman haber detectado relevantes concentraciones de cobre, níquel, arsénico y plomo en lisas y cobre, cadmio y zinc en crustáceos y moluscos, especies que luego se sirven en las mesas de restaurantes y hogares, por lo que también estaría en peligro la salud humana, pues consumimos, además, el ganado que habita la ribera del Guadalquivir.

El próximo día 9 de mayo tendrá lugar, en la playa de Bajo de Guía, una manifestación en contra de los vertidos al río, un proceso que puede generar efectos nocivos para la salud humana y para el empleo local, ya que una buena parte de la sociedad sanluqueña vive de lo que producen las benditas aguas del Guadalquivir, ya sea a través de la restauración, la actividad pesquera o la agrícola. Considero que las autoridades competentes deben tener en cuenta la opinión de los expertos en la materia y buscar otras alternativas sostenibles para los proyectos anteriormente citados, pues sería moralmente deleznable lograr la riqueza de unos pocos a costa de la salud de muchos —aunque crezca el empleo en las zonas anteriormente mencionadas, son empresarios millonarios quienes verdaderamente van a lucrarse con los citados planes—. Por tanto, destaco la importancia de participar, y le animo a ello, el próximo sábado en una protesta que puede, a largo plazo, salvar vidas.

Juanfran Vidal

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