Redacción, 20 de mayo de 2026.– Hay realidades escolares que cuesta creer, pero las paredes del CEIP Guadalquivir las confirman cada día. Con más de medio siglo de historia y una comunidad de 460 alumnos, este centro educativo se enfrenta a un deterioro progresivo que ha encendido todas las alarmas de las familias. Lo que debería ser un espacio seguro y saludable para el aprendizaje se ha convertido en un foco de desatención municipal, hasta el punto de que el AMPA Las Piletas ha estallado públicamente ante la falta de respuestas de las administraciones.
La paciencia de los padres y madres se ha agotado por completo a las puertas del verano. La comunidad educativa ha decidido visibilizar las graves deficiencias estructurales que soportan sus hijos. Con un comunicado directo y cargado de amarga ironía, denuncian que las instalaciones parecen mantener la «decoración de Halloween» en pleno periodo escolar debido al estado lamentable de sus infraestructuras, caracterizadas por techos con humedades crónicas que arrastran desde hace años y desprendimientos de pintura con moho extendiéndose sin control por pasillos y aulas. Desde 2013 no se ha puesto una mano de pintura en sus paredes.

El problema ha alcanzado su punto más crítico en el sector más vulnerable del colegio: las aulas de Educación Infantil, donde alrededor de 150 niños y niñas de tan solo 3 a 5 años inician su etapa escolar. Las familias denuncian que estos pequeños conviven diariamente con graves riesgos para la salubridad, sumándose a las deficiencias del edificio la suciedad generada por los excrementos de los pájaros y, de manera alarmante, una plaga de ratas en su propio patio de recreo. Según detalla el AMPA, la presencia de roedores se viene reportando desde antes de Semana Santa; sin embargo, tras mucha insistencia, la única respuesta fue la visita de un operario que admitió la imposibilidad de aplicar los productos específicos necesarios mientras los menores estuvieran en el centro, dejando el problema sin resolver y los agujeros por donde acceden los animales sin sellar.
Ante esta situación, el AMPA reclama que se aproveche el parón de las vacaciones de verano para acometer de forma urgente las mejoras estructurales y de desinfección exigidas. Por su parte, Elicodesa, la empresa encargada del mantenimiento de los colegios de la localidad, reconoce no contar con el personal ni con los medios suficientes para atender la avalancha de demandas, dejando al CEIP Guadalquivir en un limbo institucional mientras padres y madres se niegan a normalizar que 460 menores sigan estudiando entre humedades, moho y plagas.
La indignación entre las familias es absoluta y el sentimiento de desamparo va en aumento a medida que pasan los días sin soluciones reales. «No podemos dormir tranquilos sabiendo que dejamos a nuestros hijos de tres años en un patio donde se pasean las ratas y en aulas donde respiran moho a diario; es una auténtica vergüenza y una temeridad sanitaria», clama una de las madres afectadas, reflejando el sentir de una comunidad que se niega a cruzarse de brazos. En conclusión, el inicio de las vacaciones estivales se presenta como la última oportunidad para que el Ayuntamiento de Sanlúcar reaccione, asuma sus competencias y ejecute un plan de choque integral antes de que comience el nuevo curso. De lo contrario, el CEIP Guadalquivir no solo seguirá siendo el reflejo del abandono institucional, sino también el escenario de un conflicto social que los padres están dispuestos a llevar hasta las últimas consecuencias para garantizar la salud y la dignidad de sus hijos.














