El Mirador de Jeremías | Hybris Álvarez

El síndrome de hybris es un cambio de personalidad, denominado “enfermedad del poder”, que se caracteriza por una arrogancia desmedida, por un desprecio por los demás y por la pérdida de la realidad. Se desarrolla al asumir el poder y se asocia con políticos que no quieren abandonar su cargo. ¿Les suena de alguien?.

Como arrogancia desmedida, podemos comprobar fácilmente que gobernar se ha convertido en una cuestión de estética para Carmen Álvarez. No en una cuestión de resultados, ni de gestión. Porque nada simboliza mejor las prioridades de la alcaldesa que aquello para lo que sí hay dinero: un flamante coche oficial de nada menos que 47.000 euros. Otro ejemplo de esa arrogancia es la expulsión (por primera vez en España) de todo un grupo municipal del Salón de Plenos, porque yo lo valgo. Cuestión esta que por cierto aún tienen que dirimir los Tribunales y que puede proporcionar un serio dolor de cabeza a nuestra ínclita alcaldesa.

Como desprecio por los demás, la lista es interminable: colectivos sociales, clubes deportivos, hermandades, trabajadores municipales, ecologistas… Reuniones canceladas con asociaciones vecinales, mesas de diálogo inexistentes, y una curiosa habilidad para transformar cualquier crítica en una afrenta personal. Resulta particularmente llamativo el concepto de “participación” de Carmen Álvarez: consiste, básicamente, en que los demás participen aplaudiendo. Cuando no lo hacen, se les acusa de desleales o de exagerados. Todos, menos ella claro, equivocados, conflictivos, molestos y prescindibles.

Y como pérdida de la realidad, los que seguimos la actualidad sanluqueña hemos tenido una semana impagable. La última prueba de majadería política ha sido la solemne inauguración de la barandilla de la cuesta de La Jara, elevada a la categoría de hito histórico. La escena, digna de estudio, resume con precisión el estado de Carmen Álvarez: grandes palabras para pequeñas realidades. Cada acto, por mínimo que sea, se envuelve en un lenguaje grandilocuente que intenta convertir lo anecdótico en estructural. Hoy es una barandilla; mañana, quién sabe, quizá un banco o una farola elevada a símbolo del progreso.

La semana continuó con otro anuncio estelar: la construcción de viviendas sociales. Eso sí, sin presupuesto. Si algo ha perfeccionado Carmen Álvarez es el arte de prometer en diferido. Las viviendas llegarán, dice, aunque solo habiten exclusivamente en el titular y la rueda de prensa. Lo próximo de la alcaldesa será anunciar un aeropuerto o un puente a Doñana, lo mismo da, porque las tres promesas disponen del mismo presupuesto: cero.

A l final, el riesgo no es que las promesas no se cumplan, que eso con Carmen Álvarez se da por seguro. El problema es que normalice tratar a los sanluqueños como tontos con la idea de que basta con anunciarlas. Y ahí sí que no hay barandilla que la sujete.

JEREMÍAS

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