Calle 1498, más conocida por carretera “de las Piletas a Jaramar”; quisiera saber quién dijo:
-“¡Destrocen sin miramiento toda esa zona para que puedan aparcar los vehículos; que tengan espacio suficiente!”
-Hay una señal de tráfico que prohíbe estacionarse en las cunetas… Y lleva años.
-¡Se elimina! ¡Lo primero es lo primero! ¡Tienen que tener espacio cómodo para aparcar los vehículos los que vayan a las carreras!”
¿Pudo ser esta la conversación?
Viendo lo que han hecho en esa subida-carretera con los árboles, arbustos y los cañamelares tan frondosos que había, seguro que sí, o diálogo pareció. Por imaginar, me imagino que fue una orden verbal, porque de ser por escrito, no se puede después desmentir y hay dejar siempre en una duda. ¿A nadie le entró nada por su mente o su cuerpo dar esa “supuesta orden”?
-¿Hicieron un trabajo de impacto ambiental?
-“Ahí no hay nada. Cañas, arbustos y yerbajos. ¡¿Qué va a haber?! ¡Tonterías! Hay bichejos”. Seguramente siguió el razonamiento.
A mí siempre me ha gustado escuchar los sonidos que se aprecian en la naturaleza, por eso nunca escucho música cuando estoy sentado, en el campo o pinar, en mi silla leyendo, la puñetera manía mía de leer; y cuando quiero reflexionar, cierro los ojos busco esos pequeños sonidos que emiten los bichejos, unas alas que se rozan, un pequeño sonido cuando un lagarto, lagartija u otro animal pasa por encina de una hoja caduca o perenne que está en el suelo… y el sonido que más me llevaba a mi infancia, juventud, madurez y he perdido aquí en mi vejez, el grillo, la chicharra… e incluso el piar –no el cantar- de los pájaros. Y no digo, mi paseo mirando el suelo, los pequeños montículos que hacen las lombrices o los escarabajos dejando su rastro, entre otros… Pues esos y seguramente más poblarán o poblarían los cañaverales o los matojos árboles o yerbajos… que han destruido.
– “Son daños colaterales”
– ¡Qué asco! ¡Que palabra más cruel! ¡Matanza cruel!
Sabemos, porque somos muy leídos u oídos, que la naturaleza es un ciclo, y que unos a otros animales se necesitan, y que unos son alimentos de otros, hasta llegar a la ballena o al elefante y que sin esos bichejos que en nombre… ¿del progreso?… ¡NO!, en este caso de una comodidad.
Seguramente a nadie le importen estos insectos, bichejos o animalitos hasta que se hagan eco por cualquier razón en los medios de comunicación, y, entonces saldrán quienes se apunten a la novedad, al ser moderno inmediato. Pobres disculpas. Mi voto por supuesto no va a estar con quien sin ningún pudor destrozan el entorno de estos seres vivos y el paisaje; para el bienestar del público de las carreras de caballo, a las que no culpabilizo, sino a quien tomó esa decisión:
¡Destrozar, qué más da ahí no hay nada más que matojos












