Menos trabajo y más carnaval…

Algo así cantaba el gran Juan Carlos Aragón, con su chirigota “Los Yesterday”, hace, exactamente, veintisiete años. Casi tres décadas más tarde sigue viva una fiesta muy saludable en un sistema democrático como el nuestro, pues se trata de una celebración en la que el pueblo tiene ocasión de alzar la voz frente a una élite que lo oprime, sea en forma de inflación de precios de productos esenciales para la vida, difícil acceso a una vivienda digna o listas de esperas interminables en un sistema sanitario público cada vez más deteriorado.

Siendo el carnaval, por tanto, una fiesta reivindicativa, me sorprende que en una ciudad como Sanlúcar de Barrameda no haya una cultura carnavalera más profunda. Es cierto que tienen lugar distintas celebraciones y actos, pero echo en falta un concurso en el que agrupaciones sanluqueñas tengan ocasión de expresar, a través de bellas comparsas y jocosas chirigotas, su malestar ante múltiples problemas que afectan a la cuidad.

Esta localidad con tan alto potencial sigue, hoy día, contando con uno de los índices de desempleo más elevados de Andalucía. Los sanluqueños merecen inversiones públicas y medidas por parte de la Administración para atraer empresas y fomentar empleo justo y de calidad. Este municipio situado frente a un paraíso llamado Doñana no puede ser solamente la residencia de verano de ricos que, a la hora de la verdad, deciden invertir y ubicar sus empresas en otras ciudades —con el empleo y la prosperidad que ello implica—.

Sanlúcar se merece contar con múltiples infraestructuras y recursos para que su población no viva únicamente de la caridad de extranjeros atraídos por la santa manzanilla que emana de esta bendita tierra. El desempleo y la pobreza tienen otras implicaciones. Una de ellas, con la que, por desgracia, convivo diariamente es el absentismo escolar. Es deleznable que, en el año 2026, en un municipio de un Estado moderno y avanzado como España sigan existiendo tasas tan elevadas de absentismo escolar y, mucho peor aun, es que desde el consistorio no se lleven a cabo —o no se puedan desarrollar— soluciones efectivas. Debemos trabajar para hacer ver a ese alumnado que, precisamente, su educación es la clave para propiciar también el progreso de su localidad.

Mi única arma son estas líneas para denunciar los problemas aquí citados, pero los sanluqueños deberían tener otro altavoz, un concurso que, llegado febrero —ese ansiado mes que aporta luz a la oscuridad provocada por un duro mes de enero en el que muchos sanluqueños, tristemente, sufren para hacer frente a múltiples gastos posnavideños— el pueblo de Sanlúcar se enfrentase a una élite inepta que sigue disfrutando de sus ostentosos lujos mientras muchos ciudadanos no pueden ni comprarse una mísera chabola.

Es por ello que, cuando más difícil sea vivir dignamente, más necesitamos, en palabras del comparsista Martínez Ares, ese “humano indomable e incansable” llamado carnaval.

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