Inteligencia artificial y Derecho: cuando el error parece verdad

La inteligencia artificial ha entrado con fuerza en el mundo jurídico. Hoy se habla de abogados que utilizan inteligencia artificial, jueces asistidos por algoritmos, herramientas de IA para redactar demandas, búsqueda automática de jurisprudencia, análisis de contratos mediante inteligencia artificial y automatización de escritos legales.

El debate ya no consiste en preguntarse si la inteligencia artificial llegará al Derecho. Ya ha llegado. La verdadera cuestión es otra: ¿podemos confiar jurídicamente en lo que produce una inteligencia artificial?

La respuesta exige prudencia. La IA puede ser una herramienta útil, poderosa y transformadora. Puede ordenar documentos, resumir expedientes, localizar normas, estructurar argumentos y ayudar en tareas repetitivas. Pero también puede generar un riesgo especialmente peligroso para abogados, empresas, clientes y ciudadanos: la apariencia de verdad.

Es decir, la posibilidad de que un texto generado por inteligencia artificial parezca correcto, técnico, jurídico y solvente, cuando en realidad contiene errores, citas falsas, jurisprudencia inexistente o interpretaciones equivocadas.

En Derecho, esa diferencia es decisiva. Porque una cosa es que un texto esté bien escrito, y otra muy distinta es que esté bien fundado.

¿Qué es la apariencia de verdad en la inteligencia artificial aplicada al Derecho?

La apariencia de verdad se produce cuando un texto generado por inteligencia artificial transmite una sensación de seguridad, autoridad y rigor, aunque su contenido no haya sido comprobado.

Puede ocurrir, por ejemplo, cuando la IA afirma:

“Según reiterada jurisprudencia del Tribunal Supremo…”

“El artículo aplicable establece…”

“La doctrina mayoritaria entiende…” 

“La parte podrá interponer recurso en el plazo de…”

“Procede reclamar judicialmente…”

Estas frases tienen apariencia jurídica. Suenan a razonamiento profesional. Utilizan el lenguaje propio de abogados, jueces y tribunales. Pero el problema es que pueden no estar sustentadas en una fuente real o aplicable.

La inteligencia artificial puede redactar con aplomo incluso cuando se equivoca. Y en el ámbito jurídico, un error formulado con seguridad puede ser más peligroso que una duda expresada con prudencia.

¿Puede equivocarse la inteligencia artificial en un escrito jurídico?

Sí. La inteligencia artificial puede equivocarse en cuestiones jurídicas relevantes. Puede cometer errores como:

• Citar sentencias que no existen.
• Atribuir al Tribunal Supremo una doctrina que no ha declarado.
• Aplicar artículos derogados o reformados.
• Confundir plazos procesales.
• Mezclar normas civiles, penales, laborales, mercantiles o administrativas.
• Utilizar soluciones jurídicas de otros países como si fueran aplicables en España.
• Inventar referencias jurisprudenciales.
• Resumir mal una sentencia.
• Afirmar como seguro algo que en realidad es discutible.
• Ignorar excepciones legales importantes.
• No valorar adecuadamente la prueba documental de un caso.

Este problema es especialmente grave en materias como derecho procesal, derecho civil, derecho de familia, derecho penal, derecho mercantil, derecho bancario, derecho concursal, derecho administrativo o derecho laboral, donde un plazo mal calculado, una norma mal citada o una jurisprudencia incorrectamente aplicada pueden cambiar por completo la estrategia del asunto.

¿Por qué es peligroso usar inteligencia artificial sin revisión de un abogado?

Porque el Derecho no funciona solo con palabras. Funciona con normas vigentes, documentos, pruebas, plazos, competencia judicial, jurisprudencia aplicable y estrategia procesal.

Un escrito jurídico no es un simple texto. Una demanda, una contestación, un recurso, una querella, una oposición a la ejecución, una reclamación extrajudicial o un contrato pueden tener consecuencias muy serias para una persona o una empresa.

La inteligencia artificial puede ayudar a redactar, pero no puede sustituir el juicio profesional del abogado. Porque… El abogado debe comprobar:

  • Si la norma citada está vigente.
  • Si el artículo legal es exactamente aplicable al caso
  • Si la sentencia existe realmente
  • Si la jurisprudencia está correctamente interpretada
  • Si el plazo procesal está bien calculado
  • Si la acción judicial no está prescrita o caducada
  • Si existen documentos suficientes para probar los hechos
  • Si la estrategia procesal es adecuada
  • Si hay riesgo de condena en costas
  • Si la solución sugerida protege realmente los intereses del cliente

La IA puede producir lenguaje jurídico. Pero producir lenguaje jurídico no equivale a ejercer la abogacía.

Conclusión: la inteligencia artificial no puede sustituir la conciencia jurídica

La inteligencia artificial cambiará la forma de trabajar de abogados, jueces, procuradores, empresas y ciudadanos. Negarlo sería ingenuo. Pero asumirla sin límites sería peligroso.

El Derecho no es solo información. Es interpretación, prudencia, estrategia, experiencia y responsabilidad.

Fdo.: Domínguez-Lobato, Eduardo  Domínguez Lobato Abogados

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