El Mirador de Jeremías | Ciudad ¿amable?

Hay alcaldesas que buscan consenso. Otras al menos buscan diálogo. Y luego está Carmen Álvarez: discutir con todo el mundo al mismo tiempo y, por si quedaba algún despistado, levantar la Plaza Cabildo a veinte días de Semana Santa. No antes. No después. Exactamente ahora.

Nadie discute que nuestra plaza más céntrica y emblemática necesita un arreglo. Lo discutible es la puntería temporal. Empezar a romper el corazón del pueblo justo cuando se aproxima uno de los momentos en el que más gente lo pisa parece, como mínimo, una desconexión abominable con la vida real de los sanluqueños.

Al fin y al cabo, Carmen Álvarez nunca ha ocultado su incomodidad con algunas de las cosas que precisamente dan vida al pueblo. Las Hermandades no parecen estar entre sus prioridades. El turismo, tampoco, porque según sus propias palabras, “convierte a Sanlúcar en un comedero”. Una frase difícil de olvidar, sobre todo cuando buena parte de la economía local -bares, comercios, alojamientos, familias enteras- vive precisamente de que la gente venga, coma, pasee y deje aquí su dinero.

Por eso, cuando se sabe que en tres semanas el centro se llena de cofradías, visitantes, bares trabajando a pleno rendimiento y todo el pueblo pasando por allí, lo lógico para Doña Carmen es abrir zanjas, plantar vallas y desplegar maquinaria pesada. Una planificación que parece hecha a última hora de la noche, cuando ya ha salido de alguno de los múltiples saraos a los que (de estos sí) es muy devota.

Así que, visto lo visto, quizá las obras de la Plaza Cabildo no sean un error de calendario, sino una política pública perfectamente alineada con esa visión. Si el turismo molesta, nada mejor que recibir a visitantes y cofradías con nuestra plaza más emblemática y el corazón del casco histórico hechos un desastre. Un urbanismo disuasorio, podríamos llamarlo. Porque, al final, cuando se desprecia el turismo desde el discurso y se complica desde la gestión, el mensaje que se envía es bastante claro: aquí el que viene a visitar, comer o disfrutar de Sanlúcar parece más un problema que una oportunidad.

Lo más preocupante no son las zanjas. Las zanjas se tapan. Lo preocupante es la idea que hay detrás.

Tampoco conviene fingir sorpresa. Este estilo de gobierno lleva tiempo consolidándose: Carmen Álvarez ha logrado algo que parecía complicado en Sanlúcar, estar enfrentada con casi todo el tejido social al mismo tiempo: Hermandades, colectivos sociales, clubes deportivos, hosteleros, trabajadores municipales; una lista cada vez más larga y variada, los últimos en unirse a ella han sido los ecologistas… Una alcaldesa de Izquierda Unida que solo se lleva bien con Vox (sí, con Vox), con el Club Náutico y con la Sociedad de Carreras de Caballos, todos podemos imaginar por qué.

JEREMÍAS

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