Por fin, “sienes y sienes de personas”, hasta diría más, miles de personas han conseguido desestresarse volviendo a la rutina del resto del año. Han venido a la playa, han pagado por pisos turísticos o por lo que sea, han visto que la comida y todo ha subido y se han ido disfrutando, de lo que ellos creen que es su disfrute; pero sobre todo, vinieron a relajarse o esa era su intención. ¿Lo han conseguido? Habría que hacer una encuesta real por pulsaciones y cabreos más que por palabras. ¿A qué voy con todo esto? Al problema mío de la observancia. Todos, y todas, sabemos que no es lo mismo ver, mirar, que observar. Creo que no necesita explicación.
Pongámonos en situación, calle Barrameda, hora, pongamos 9,30 a.m., una furgoneta de reparto de fruta se para para descargar, dejar unas cajas, el conductor, única persona que está en ese vehículo; (acción deprisa y corriendo) se baja de la cabina, va a la parte de atrás, abre la puerta, lanza una mirada a ver todo lo que estorba, toma las cajas deprisa y corriendo, las deja en el establecimiento, deja una hoja, cierra las puertas traseras, se monta en la cabina y continúa hasta la siguiente tienda. Total, pueden ser 60´´; para aclararlo más, sesenta segundos o un minuto. Pues en ese tiempo, hay un “vacacionero-veraniego”, toca el claxon. Esa persona, el del claxon, no debería tener vacaciones porque estas le estresan ya que la pérdida de un minuto es todo un mundo. Prosigo con mi observación, chiringuitos o bares, que tanto da el uno como el otro… Todo el que llega, pide con prisa, es más, se excita, (pero no de la forma erótico-festiva) por lo que él o ella cree que es una tardanza, porque cree que le deben servir ya… ¿Y esas prisas, no está de vacaciones o ha terminado su jornada? Uno, en su propia ignorancia, cree que uno bebe para paladear, para charlar, hasta una forma de relajante; no para cabrearse interiormente y que las pulsaciones le suban, que es malo para la tensión, el corazón, ¿y por qué no? un sombrero… Observas como el camarero va a “toa”, pero llega hasta donde llega, porque sus piernas no dan más de sí. Estas son dos de ellas, no quiero hablar ya en otros lugares… Pero de los que más me acuerdo, son de las y los cocineros, permítame, no un aplauso, sino una consideración especial… La temperatura exterior, entendamos fuera del chiringuito o bar, es de 38º y con levante (“ese que pone la parte de atrás adelante”), dentro del establecimiento, con luces y personas hablando todas a la vez y queriendo llevar razón; podemos subir a 45º y ahora entremos a esa cocina donde todo son exigencias del camarero, porque la persona que está de vacaciones-estrés quiere ser atendido ya… fogones, situación física de hacer tres, cuatro y hasta siete cosas a la vez… ¿a qué grados podemos estar ahí dentro? Ellas y ellos, no están de vacaciones, están trabajando donde la exigencia, en rapidez y que todo sea perfecto es su propia máxima… Todos quieren ser servidos a la vez, porque tienen prisa ya que están de vacaciones-estrés…
Los veo y observo.
-¿Si tengo prisa? No. Estoy de vacaciones y las prisas y agobios me los he dejado… Es fácil, estoy con mi mente en blanco, ya que estoy en modo off.
Por favor, dejemos los nervios, los claxon y las malas y horteras maneras. Es bueno para no terminar en urgencias con una pastilla debajo de la lengua. Seamos amables no como eslogan.
Por favor, para próximas vacaciones o puente, relájense. Y lo caro no son los cuadernos, ni lapiceros, sino lo otro…












