REDACCIÓN, 9 DE FEBRERO DE 2026.- El Colegio de Educación Infantil y Primaria Maestro José Sabio, ubicado en plena Barriada Andalucía, uno de los barrios obreros de la ciudad, vive una situación límite. Donde hace años se educaban más de 340 alumnos, hoy apenas acuden 170 niños y niñas, una pérdida progresiva de matrículas que las familias vinculan directamente al deterioro del centro y la falta de inversiones estructurales.
“Este colegio llegó a tener tres líneas por curso. Hoy seguimos perdiendo alumnado, y no es por falta de niños en el barrio”, denuncia Bienvenido Álvarez, presidente del AMPA. El representante de las familias señala que el centro ha pasado de duplicar en número de alumnos a otros colegios de la ciudad a verse claramente superado. “Hace doce años teníamos el doble de alumnado que otros centros como El Pino o La Algaida, y ahora nos doblan ellos a nosotros”, lamenta.

Problemas de seguridad que generan miedo
La principal preocupación de madres y padres es la seguridad. La instalación eléctrica, con décadas de antigüedad, no soporta la carga mínima. “Con un simple calefactor salta todo el sistema”, explica Álvarez, quien alerta además de la ubicación peligrosa del cuadro eléctrico, situado bajo una escalera de paso habitual del alumnado.
A ello se suma el grave estado de las ventanas, algunas de las cuales han llegado a desprenderse. “Hace tres años se cayeron dos ventanas al patio. Por suerte no hubo que lamentar daños personales”, recuerda. Aunque se acordó un plan progresivo de sustitución, solo se actuó en dos aulas. “Desde hace dos años no se ha cambiado ninguna ventana más. Arreglar cristales como han hecho estos días es un parche; lo que hace falta es cambiar las ventanas completas”, insiste.
El temor no es infundado. “Una ventana puede pesar 70 u 80 kilos. Si cae donde están los niños jugando, sería una desgracia que no queremos ni imaginar”, subraya.

Humedades, frío y aulas deterioradas
Las deficiencias se extienden a humedades, pintura en mal estado y filtraciones de aire. “Hay aulas que parecen de países menos desarrollados”, afirma el presidente del AMPA, quien reconoce que algunas reparaciones recientes se han producido tras la presión mediática. “Casualmente, cuando hemos empezado a movernos, en dos días se han arreglado cristales que llevábamos dos años reclamando”.
Durante los días de temporal de la semana pasada, el miedo llevó a muchas familias a no llevar a sus hijos al colegio. “Hubo días en los que solo vinieron cuatro alumnos a todo el centro”, relata. En otros momentos, la asistencia no superó el 10%. “No puede ser que un día de viento la mayoría de los niños no venga al colegio por miedo”, denuncia.

Dos días sin clase y una protesta en el horizonte
El temporal que azota Andalucía provocó que los alumnos permanecieran dos días sin clases la pasada semana, ante la incertidumbre y el temor de las familias. Ahora, el AMPA y los padres y madres estudian convocar una manifestación a las puertas del centro como medida de protesta.
“El lunes que viene nos reunimos y vamos a decidir qué hacer. Hemos abierto la veda y vamos a llegar donde haga falta”, advierte Álvarez. El objetivo es claro: una rehabilitación integral que garantice condiciones dignas y seguras.
El único colegio sin comedor
A todo ello se suma una reivindicación histórica: el comedor escolar. “Somos el único colegio de la ciudad que no tiene comedor”, afirma el presidente del AMPA. Llevan 19 años solicitándolo, con reuniones tanto con la Junta de Andalucía como con el Ayuntamiento. “Otros centros ya lo tienen adjudicado, aunque no esté en funcionamiento. Nosotros seguimos igual”.
Las familias recuerdan que han colaborado en todo lo posible. “Hemos hecho actividades, hemos comprado mobiliario, hemos organizado torneos y mejoras por nuestra cuenta, pero hay obras a las que no llegamos”, explica. “Una instalación eléctrica o un comedor no lo puede asumir un AMPA”.
“Solo pedimos que nuestros hijos estén seguros”
El mensaje final es sencillo y contundente. “Lo único que queremos es el bienestar de nuestros niños”, concluye Bienvenido Álvarez. “Tenemos hijos en este colegio, igual que las 170 familias que lo forman. Pedimos que vengan a clase sin peligro”.
Mientras el colegio sigue perdiendo alumnado, las familias del Maestro José Sabio se niegan a resignarse. Su reivindicación no es un privilegio, sino una exigencia básica: una escuela pública segura y digna en un barrio que también merece futuro.












