“Nos ha vendido públicamente con mentiras”: La Policía Local de Sanlúcar estalla contra la alcaldesa

REDACCIÓN, 22 DE ENERO DE 2026.- Sanlúcar de Barrameda es una ciudad que vive de cara al río y al turismo, pero desde hace meses empieza a acostumbrarse a una anomalía silenciosa: la de una seguridad pública sostenida con alfileres. Hay mañanas en las que un solo agente queda al frente de una jefatura casi vacía y noches en las que patrullar una ciudad de 70.000 habitantes se parece más a una apuesta que a un servicio público. Cuando dos accidentes coinciden en el tiempo, alguien tiene que decidir cuál se atiende y cuál se queda esperando. “Y el que espera”, dice Manuel Jesús Sánchez, portavoz del Sindicato de la Policía Local, “suele ser el ciudadano”.

El conflicto entre la plantilla y el Ayuntamiento no es nuevo, pero ha entrado en una fase en la que ya no se discute solo de condiciones laborales, sino de la capacidad misma del municipio para garantizar servicios básicos. Sánchez habla con una mezcla de cansancio y determinación, y vuelve una y otra vez a la misma idea: que todo empezó mucho antes de que Carmen Álvarez (IU) llegara a la Alcaldía, cuando desde la oposición ya construía un discurso de confrontación con la Policía Local.

Desde que llegó a la Alcaldía ha ido vendiendo en los medios una versión de la realidad que no existe. Ha repetido tantas veces que somos unos privilegiados que ha terminado calando en la calle.”

Siempre ha dicho que éramos unos privilegiados, que todo el dinero se lo llevaba la policía. Pero eso es falso. Si hay alguna ilegalidad, que la denuncie. Ella es nuestra jefa por ley y tiene todos los mecanismos para hacerlo”, insiste.

Según su relato, esa desconfianza inicial se ha convertido con el tiempo en una estrategia política basada en la confrontación permanente. “Nos ha vendido públicamente con mentiras”, resume. Y añade una precisión que repite varias veces: “Un trabajador viene a trabajar y si trabaja se le paga. Aquí nadie ha robado nada. Aquí lo que ha pasado es que no hay plantilla suficiente y se ha tirado de horas y de doblajes para cubrir lo que el Ayuntamiento no tenía”.

“Nos ha tirado a la calle. Nos ha vendido públicamente con mentiras.”

La relación institucional, dice, está prácticamente rota. La alcaldesa asegura en público que tiene la mano tendida, pero los sindicatos lo niegan. En 2023 solicitaron por escrito una reunión y no fueron recibidos hasta el lunes de la semana pasada, ya en 2026. “Tres años después. Y cuando nos recibe, aquello no era una negociación. Fue una reunión trampa. Ella dice: ‘sentémonos’. Nos sentamos. Y cuando estamos allí dice: ‘yo no tengo nada que decir, hablen ustedes’”.

En ese encuentro, la plantilla llevó una propuesta concreta: activar una oferta de empleo público para cubrir vacantes. “Tenemos 15 vacantes ahora mismo. Este año se jubilan 11 compañeros. Y desde que convocas una plaza hasta que el policía llega pasan casi dos años. Eso quiere decir que aunque las convoques hoy, no tendríamos refuerzos reales hasta 2027”.

Manuel Sánchez en un momento de la entrevista. SANLÚCAR AHORA

“Si no se convoca ya una oferta de empleo público, en 2027 prácticamente se cierra la Jefatura.”

Las cifras, en su opinión, describen por sí solas la gravedad del problema. Aunque la plantilla oficial es de 63 agentes, solo 47 están realmente disponibles para patrullar. “Tráfico no tiene trabajadores y mandan a un policía. Medio Ambiente no tiene personal y mandan a un policía. VioGen se lleva a dos. Así hasta once. Y luego hacen las cuentas como si los 63 estuvieran en la calle”.

La consecuencia es una presencia policial mínima, a veces simbólica. “Hoy hay cuatro policías de servicio. Cuatro para 70.000 habitantes. Y hay días que hay dos. Tú entras en la Jefatura y ves a uno en la puerta, otro en emergencias y otro en denuncias. Solo uno puede salir a la calle”.

“Hay días con dos policías para una ciudad de 70.000 habitantes.”

Cuando ese uno sale, la ciudad se queda a ciegas. “Si hay un accidente y van dos, la Jefatura se queda vacía. Y si necesitan una ambulancia, los compañeros tienen que usar sus móviles personales. Esto es la prehistoria. Parece que estamos en un país del tercer mundo”.

La Navidad pasada fue, según el sindicato, la demostración de que el sistema ya no se sostiene. “El día 24 hubo un compañero solo. El día 25 por la noche no había ningún efectivo. Ninguno. Y mientras tanto, desde el Ayuntamiento se vendía normalidad”.

“El ciudadano llama y no se le puede atender. No porque no queramos, sino porque no podemos.”

La falta de efectivos empieza a afectar incluso a eventos tradicionales. En el caso de las hermandades, el portavoz sindical acusa al gobierno municipal de dejar pasar los plazos administrativos y de trasladar la responsabilidad a terceros. “Las ordenanzas son clarísimas. Las salidas tienen que tener autorización. Ella deja pasar el tiempo y al final le dice al hermano mayor que salga bajo su responsabilidad”.

Algo parecido ocurrió con el Desafío Doñana. El informe técnico fue claro: no había efectivos suficientes para garantizar la seguridad. “El jefe no autoriza ni desautoriza, informa. Y el informe decía que no se podía. La Junta se llevó la prueba. ¿Quién ha perdido?: El sanluqueño”.

La culpa de que Sanlúcar perdiera el Desafío Doñana es sólo de ella, por su prepotencia.”

El Ayuntamiento sostiene que el problema es económico. El sindicato lo niega. “El presupuesto entró en vigor el 1 de enero con casi 80 millones de euros. Vacantes hay desde 2021. Dinero hay”. También rechaza las cifras sobre servicios extraordinarios: “Dijo que habíamos costado 650.000 euros en 2025. Es mentira. Fueron 269.000. Y no son regalados, son trabajados”.

Representantes del colectivo se reúnen con la oposición tras el último Pleno municipal.

“Aquí nadie se ha llevado dinero. Aquí lo que se ha hecho es trabajar porque no hay plantilla.”

El tono se endurece cuando habla del clima social. “Tiene un ejército en redes sociales, gente de empleo, que se dedica a atacar a la policía con nombres y apellidos. Y ella lo permite. Ella alienta ese enfrentamiento. Está enfrentando a un pueblo con sus trabajadores”.

Aún así, el discurso termina lejos de la épica y cerca del agotamiento. Sánchez vuelve a bajar la voz cuando piensa en los vecinos: “A los ciudadanos sólo podemos pedirles perdón. No es culpa nuestra. No convocamos las plazas. Al revés, queremos que entre gente nueva. Pero hay muchas llamadas que no podemos atender. Y eso es lo que más duele”.

“Pedimos perdón a los vecinos. Hay muchas llamadas que no podemos atender. Y eso es lo que más duele.”

Sanlúcar empieza a acostumbrarse a esa anomalía: llamar y que nadie llegue. No ocurre siempre, pero ocurre lo suficiente como para que haya dejado de ser noticia y empiece a ser costumbre. En los pasillos de la Jefatura, en los despachos municipales y en las conversaciones de bar, la misma pregunta vuelve una y otra vez con distintas formas: cuánto tiempo puede sostenerse una ciudad así antes de que algo se rompa del todo. De momento, la respuesta sigue en el aire, suspendida entre informes, declaraciones cruzadas y promesas que no terminan de convertirse en decisiones. Y mientras tanto, la ciudad sigue su curso, confiando en que, cuando vuelva a necesitar ayuda, todavía quede alguien al otro lado del teléfono.

 

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